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Meghan y Harry ‘rompen’ las reglas en el momento del “sí, quiero”.

Meghan Markle y el príncipe Harry rompieron las ‘reglas’ en el momento del “sí, quiero” en el castillo de Windsor, poblado de estrellas de Hollywood para la boda del año y sacudido por el sermón sobre el “poder del amor” a cargo del predicador episcopal Michael Curry, que causó una auténtica conmoción bajo las ojivas de la San Jorge.

La novia, con un vestido diseñado por Claire Waight Keller para Givenchy, decidió caminar en solitario a su entrada en la capilla, en una reafirmación de “independencia”, y suprimió la fórmula “obediencia” al marido en los votos matrimoniales, siguiendo los pasos de princesa Diana. Arropada por su madre Doria hasta la llegada al templo, Meghan aprovechó la ausencia de su padre, Thomas, para eludir también el rito de “entrega” de la novia.

El Príncipe Carlos le acompañó sin más en la recta final hasta la altura del novio, vestido con el uniforme de capitán de los Marinespara realzar su bagaje militar. Los Duques Sussex demostraron su complicidad en el momento del I will, precedido de amplias sonrisas de alivio que se propagaron entre los 600 invitados y quebraron la solemnidad de la ceremonia, que arrancó con un cántico inspirado en los versículos de San Juan.
La iglesia gótica del recinto amurallado de Windsor vibró luego el con el Stand by me de Ben E. King y con el This Little Light of Mede Etta James, con la voces del coro de góspel The Kingdom Choir, en un homenaje a las raíces afroamericanas de la novia. El arzobispo episcopal Michael Curry, curtido en la batalla de los derechos civiles, ofició el energético sermón y recordó las palabras de Martin Luther King: “Celebremos el poder del amor”.

El entusiasmo del reverendo Curry al proclamar “la confluencia de dos mundos diferentes” hizo moverse en sus bancos a todos los invitados, empezando por la propia Reina, que movió los hombros y dio señales de sentirse incómoda. Los británicos tuvieron acaso un primer atisbo de la “nueva era” de la que hablan los periódicos. Hasta Elton John, que venía de dar un concierto en Las Vegas, reaccionó con visible estuperfacción ante las palabras del predicador, que acabó haciendo un particular homenaje al Imagine de John Lennon.

“Este es el “momento Obama” para el Reino Unido”, atestiguaron Patricia Guzmán y Liliana Murillo, norteamericanas de sangre hondureña, llegadas desde Miami y Chicago para sumarse a los más de 100.000 asistentes que llenaron las calles de Windsor, decoradas con las Union Jacks y las barras y estrellas. El esperado momento del intercambio de anillos provocó el espontáneo delirio que traspasó los muros de la fortaleza real.

Millones de telespectadores siguieron en todo el mundo la ceremonia, culminada con el paseo en carroza de la pareja bajo un sol inusual y preveraniego en la campiña británica. Pese a la fiebre mediática desatada, un sondeo de YouGov reveló sin embargo a última hora que el 66% de los británicos dieron su espalda a la boda. Se estima en cualquier caso que el enlace ha dado impulso de más de 1.100 millones de euros a la economía local.

Rachel Meghan Markle y Henry Charles Albert David quisieron romper de entrada el protocolo y pidieron al arzobispo de Canterbury, Justin Welby, que les llamara por sus nombres de pila, Meghan y Harry. El reverendo Curry fue aún más allá y les llamó directamente “brother and sister” (“hermano y hermana”).
Harry quiso ceder un protagonismo especial a la hermana de su madre, Jane Fellowes, que leyó la obligada la Canción de Salomón. La tradición dejó sin embargo paso a la modernidad, con la actuación estelar del joven violoncelista Sheku Kanneh-Mason, en una celebración final de la diversidad.
A la 1.15 hora local (2.15 en España), con diez minutos de retraso sobre el plan original, los Duques de Sussex pasearon su recién estrenado título por las calles de Widnsor, subidos a una carroza Ascot Landau prestada para la ocasión para la Reina. Isabel II agasajará a los invitados al almuerzo en Windsor, rubricado con unatarta de limón y flor de saúco y concebida por la pastelera vegana Claire Ptak “para chuparse los dedos y no dejársela en el plato”, como suele ocurrir en las bodas.

El Príncipe Carlos celebrará por la tarde una segunda fiesta, reservadísima esta vez a 200 invitados, en la cercana Frogmore House, donde la pareja pasará la noche de bodas. El próximo martes, Meghan y Harry devolverán el favor al heredero de la Corona, durante la fiesta anticipada de 70 cumpleaños de Carlos que será su primer actor oficial tras la boda. La luna de miel puede esperar.
Fuente: El Mundo.

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